Vívidas obras de arte en una cervecera, embodegadas por años - Voice of San Diego

Arts/Culture UNVEILING THE UNSEEN

Vívidas obras de arte en una cervecera, embodegadas por años

Una cervecera ubicada en Barrio Logan después de la Ley Seca de los EE. UU. fue decorada con coloridos murales, vitrales, mobiliario y vigas. En la actualidad, el edificio es un estacionamiento y las obras de arte han permanecido almacenadas por más de dos décadas.

Esta es la primera de dos partes de un reportaje realizado en conjunto con KPBS.

Cuando se sirvieron los últimos tarros en el antiguo edificio de ladrillo que albergaba a la Aztec Brewing Co., era la última cervecera que quedaba en San Diego.

Veinte años atrás, en los años 30, la cervecera era un lugar muy ajetreado. El fin de la llamada prohibición de alcohol permitió a los dueños instalar en los Estados Unidos la cervecera Aztec, establecida originalmente al otro lado de la frontera con México. Construyeron una sala de catas donde los sandieguinos tomaban la cerveza que se producía localmente alrededor de mesas y sillas de madera labrada. Las ventanas con vitrales y los murales del lugar llenaban las paredes de color, muchos de ellos pintados por un emisario cultural enviado a los Estados Unidos por el rey de España. Incluso el techo estaba cubierto con obras de arte.

En la actualidad, las cerveceras locales ofrecen salas de cata, jardines, arte y alimentos como parte de la experiencia de degustación. Pero esta sala de catas ubicada en Main Street en el Barrio Logan, ya era una atracción décadas antes de que San Diego consolidara su reputación como capital de la cerveza artesanal.

Ahora es un estacionamiento y las obras de arte se hubieran perdido para siempre de no ser por una batalla de última hora que se libró en los años 80 para salvarlas de la bola de demolición. El gobierno municipal de San Diego se hizo cargo de las obras de arte y el mobiliario para su salvaguarda, con la promesa de regresarlos al barrio del que provenían. A lo largo de los años, la colección ha sido movida de un lugar a otro, incluyendo una parte que se encuentra actualmente embalada en una bodega ubicada en El Cajón.

Los murales son icónicos en el Barrio Logan. Cubren los pilares del Chicano Park, un parque ubicado en medio del vecindario, creado en los años 60 cuando se construyeron autopistas entrelazadas sobre él. Sin embargo, dichos murales provienen de una larga tradición; las obras en la cervecera anteceden a los murales del Chicano Park por alrededor de 40 años.

“En aquél entonces, la gente trabajaba en fábricas de conservas y astilleros, pero también había músicos y grandes obras de arte que hablan de la cultura que ha existido aquí durante años — incluso antes de Chicano Park”, comentó la senadora estatal Denise Ducheny. La que ha sido su oficina durante varios años se localiza a media milla de distancia de la antigua cervecera.

“El Chicano Park fue un resultado de ello”, continúa. “El rathskeller es la prueba”.

¡La cerveza en San Diego fluye de nuevo!

La cervecera Aztec Brewing Co. original, establecida en 1921 durante la Ley Seca en los Estados Unidos, producía la cerveza A.B.C. en Mexicali. Tres empresarios compraron el edificio de una vieja llantera en Barrio Logan para convertirla en una cervecera una vez que se eliminó la prohibición del alcohol. Uno de ellos, Herbert Jaffe, había cursado estudios de elaboración de cerveza en Checoslovaquia. James Crofton, otro de los dueños, era socio del hotel y casino Agua Caliente en México.

La cervecera fue inaugurada en 1933 con el titular triunfal de “¡La cerveza en San Diego fluye de nuevo!”. Sus dueños llamaron rathskeller a su sala de catas, evocando la palabra en alemán que significa taberna subterránea. En la Aztec se utilizaba maquinaria muy avanzada para la elaboración de la cerveza y requería de tantas botellas para envasar las cervezas más populares, que solamente las órdenes de la Anheuser-Busch superaban sus pedidos a la fábrica de botellas de vidrio.

Fotografía cortesía del San Diego History Center
Un empleado de la Aztec Brewing Co. elabora cerveza en 1937 a la sombra de un calendario azteca de 9 pies de altura.

Años atrás, en los años 20, el rey Alfonso XIII de España, había enviado al pintor José Moya del Pino en una gira cultural a los Estados Unidos para llevar consigo reproducciones elaboradas por él mismo de pinturas españolas como las de Diego Velázquez. Para cuando llegó a San Francisco, el gobierno español había colapsado, con lo cual también cesó el apoyo económico para su gira, por lo cual empezó a pintar retratos para subsistir. Pintó murales en la torre Coit así como en una cervecera y en oficinas de correos en San Francisco.

El trabajo de Moya del Pino llamó la atención de la cervecera Aztec en San Diego, la cual comisionó una serie de murales para la sala de catas de la cervecera de Barrio Logan.

Los murales eran vibrantes y exóticos, expresando temas e imágenes de la época de los aztecas y los mayas, algunos en el estilo español colonial y otros reflejando los movimientos del muralismo de los años 30 en los Estados Unidos y México. Un mural central ubicado detrás del bar mostraba el antiguo ritual azteca del sacrificio humano, con un sacerdote extrayendo el corazón de un hombre.

Fotografía cortesía del San Diego History Center
El artista español José Moya del Pino pita un mural dentro del rathskeller de la Aztec Brewing Co. en 1934.

Moya del Pino también supervisó el resto de la decoración del rathskeller, la cual incluía vigas, mesas y sillas pintadas y labradas, candelabros, gabinetes de caoba decorados con azulejos, ventanales y puertas con vitrales así como una reproducción del calendario azteca de 9 pies de altura.

“Aquellos eran los días de los palacios de placer, de altos niveles de imaginación y decorados fantásticos, al estilo del glamur de Hollywood y las grandes películas de dicha era”, comentó Pamela Bensoussan, valuadora de arte en San Diego. “Era parte de esa época”.

La cervecera atraía multitudes de todos lados. Los lugareños se reunían para tomar unos cuantos “tragos” después de un largo día de trabajo en las fábricas de conservas o los astilleros. Debido a que la cervecera patrocinaba un equipo de softbol, los jugadores y sus esposas frecuentaban el lugar para asistir a fiestas que se organizaban después de los juegos.

Rachael Ortiz, actual directora del centro comunitario Barrio Station creció en Barrio Logan. Su mamá, quien ejercía como ministra de la iglesia pentecostal “no se atrevía a entrar”, pero enviaba a Rachael al rathskeller en busca de su papá. Mientas esperaba a que terminara su bebida, Rachael admiraba las obras de arte.

“Los vitrales eran hermosos”, nos comentó. “Solía mirarlos fijamente, solo para admirar su belleza y colores, los cuales eran muy vivos”.

Una compañía cervecera de Detroit compró la cervecera Aztec en 1948, cerrando sus puertas cinco años después cuando cayeron las ventas. El famoso rathskeller — y todas las obras de arte que albergaba— permanecería cerrado y escasamente visitado durante los siguientes 35 años.

‘Era como entrar a un templo’

Fotografía cortesía del San Diego History Center
Un equipo de softbol ganador de un campeonato en 1936 se reúne en el rathskeller de la Aztec Brewing Co. para celebrar con una bebida.

En 1988, Salvador Torres hojeaba un ejemplar de la revista seminal San Diego Reader. Una fotografía antigua llamó su atención: un equipo de softbol en 1936 tomando cerveza A.B.C. después de un juego victorioso. En la fotografía, los “apuestos atletas”, como eran conocidos, posaban frente a un mural pintado por Moya del Pino, identificado en el pie de foto como “estudiante de Picasso durante un tiempo”.

La dirección del lugar donde fue tomada la fotografía, se encontraba a tan solo unas cuadras de su casa en el Barrio Logan, cruzando Harbor Drive desde el astillero de Nassco. Él mismo, de profesión muralista, se interesó por lo que vio y tomó su cámara. Llamó por teléfono al propietario y obtuvo permiso para ver el interior.

“Abrimos la puerta y era como entrar a un templo”, dijo Torres con un suspiro. “El sitio de un templo. Dios mío era tan hermoso y diferente aún y con tanto polvo por todos lados, pinturas en las paredes llenas de polvo y vigas labradas a mano en el techo. Era impresionante”.

Los nuevos dueños planeaban demoler el edificio y dividir algunas de las obras de arte entre ellos y sus familiares. Sin embargo, Torres sentía que había descubierto algo especial, un eslabón perdido que conectaba al pintor español con la tradición muralista mexicana, presentando temas aztecas y mayas en un barrio chicano.

Y la demolición estaba programada para comenzar en unos cuantos días para destruir todo aquello.

Torres empezó a trabajar.

Reunió a otros artistas y llevó papel y lápices al rathskeller para intentar preservar las imágenes y recrearlas en algún lugar del Chicano Park. La movilización atrajo el interés de los periódicos y televisoras en los olvidados murales.

Fotografía cortesía de Rachael Ortiz
El muralista Salvador Torres en 1988. Sus primeros intentos por salvaguardar las obras de arte del rathskeller incluyeron el trazo de varias piezas.

Torres incluso escribió un poema dirigido a Moya del Pino, rogando que salvara a las obras de arte de “la destrucción de tu tumba presa y muda”.

Para Torres, la destrucción que amenazaba era simbólica.

Ayúdanos Dios

Porque así es como

San Diego puede olvidar

A nuestros maestros hispanos

de las bellas artes

Entonces ¿cómo seremos recordados?

Robert Pincus, crítico de arte del periódico The San Diego Union descubrió que los supuestos vínculos de Moya del Pino con Picasso y Diego Rivera habían sido exagerados, pero escribió que los artistas se conocieron en Paris antes de la Primera Guerra Mundial. El Sr. Pincus concluyó que “En San Diego hay muy pocas manifestaciones que ilustran tan bien el diseño y arte que prevalecían en esa época de manera simultánea como este pequeño edificio en Main Street”.

Torres y su equipo querían que todo el edificio que albergaba al rathskeller se transportara o reconstruyera en el Chicano Park en una especie de museo. Después de eso, los dueños del edificio podrían proceder con la demolición y continuar con sus planes de desarrollo industrial.

Esto representaba un dilema ancestral. Cómo incentivar el empleo a la vez que se preserva la cultura local. Los que apoyaban al desarrollador afirmaban que el barrio necesitaba los empleos que llegarían con las nuevas bodegas. Pero otros residentes, como Ducheny, sentían que la arquitectura de la estructura de ladrillo del rathskeller con sus ventanas empotradas y vitrales, era tan importante como las obras de arte.

“Y esa era la tragedia, esas bodegas contra este hermoso edificio que parecía una capilla”, dijo.

Eventualmente, el cabildo de la ciudad de San Diego decidió declarar las obras de arte dentro del rathskeller como históricas, más no el edificio. Torres y sus amigos extrajeron los muros y techos que contenían las obras de arte pintadas por Moya del Pino y los desarrolladores donaron las obras de arte al gobierno local.

Funcionarios gubernamentales prometieron preservar las obras de arte y reinstalarlas algún día en el área del Barrio Logan — específicamente en el Mercado del Barrio, un supermercado y área comercial que se empezaba a planear a finales de los 80, pero este proyecto sufrió sus propios retrasos a lo largo de los años debido a cambios en las políticas del gobierno, a que los propietarios de los terrenos y desarrolladores se enfrascaron en discusiones y a la caída del mercado de los bienes raíces.

Fotografía cortesía del gobierno municipal de San Diego
Una parte del mural pintado en los años
30 en las paredes de la Aztec Brewing Co.

Algunos de los murales más grandes y coloridos fueron llevados al Balboa Art Conservation Center, el cual ofreció almacenarlos de manera gratuita. El gobierno municipal se hizo cargo del resto de las pinturas, sillas, vigas y vitrales, cambiándolos de lugar cada vez que conseguían un espacio donde guardarlos. Por algún tiempo, algunas de las piezas estuvieron en una bodega en Chuey’s, un restaurante de comida mexicana. Desde hace varios años, el gobierno de la ciudad ha estado pagando por el almacenaje de una gran parte de la colección, con un costo aproximado de $78,000 dólares desde el 2001.

En aquel entonces, Torres se oponía a cualquier plan para almacenar las obras de arte. “Cuando las guarden en bodegas, se acabó”, comentó a Los Ángeles Times en 1988.

Durante los últimos 24 años, todo parecía indicar que así sería.

SEGUNDA PARTE: Es posible que próximamente los sandieguinos puedan beber otra vez rodeados de obras ricas en color e historia. Descubre qué se necesita para que esta colección, hoy empacada en una bodega, emerja de nuevo.

La traducción de este artículo al español fue generosamente realizada por nuestros amigos de US-Mexico Border Philanthropy Partnership.

Kelly Bennett es reportera de Voice of San Diego y Angela Carone es reportera de KPBS. Pueden ser contactadas a través de los correos: kelly.bennett@voiceofsandiego.org y acarone@kpbs.org.

Show Comments
Loading

We’re striving for the best possible discussion and may delete comments using our editorial judgment. All comments containing links will be reviewed by VOSD staff before they are published.
Read our full comment policy.
For longer comments, consider submitting an op-ed to Voice of San Diego.
Read the guidelines here.

We have recently updated our commenting system. If you are unable to submit a comment, please clear the cache and cookies in your browser, or use a private browsing window. Click here for detailed instructions.